El día 1 de septiembre celebré un mes viviendo en mi caravana (si quieres saber el por qué de esta aventura te lo cuento aquí) y no podría estar más feliz. No ha sido fácil, nos hemos matado a trabajar (mi chico no vive aquí conmigo pero se ha pasado las vacaciones currando más que nadie) y no he tenido luz ni agua «corriente» pero está siendo una experiencia maravillosa.

Lo que hemos hecho hasta ahora

Después de colocar la caravana, lo primero que hicimos fue vallar el terreno, al tener dos perros y un gato no podía arriesgarme a que se escaparan. Además, hay conejitos y Samba (la pastora alemana) podría salir detrás y hacerles daño o perderse. También hay jabalís, pero de momento no he visto ninguno, así que la valla lo primero, jeje.

Si me sigues en Instagram habrás ido viendo los cambios que he hecho en el interior de la caravana. ¡Parece otra! Aún quedan algunos retoques y, en cuanto esté terminada, haré un tour para que puedas verla, si te apetece.

También hemos colocado el avancé. Pensaba que no era importante, pero la verdad es que le estoy dando mucha vidilla. Ahí tengo la nevera, la comida y agua de los peques, además de sus camas (aunque apenas las usan) y la mesa grande para cuando somos más de dos a comer.

Algo que hicimos muy rápido fue montar la piscina. Me la dio mi hermana y, la verdad, es que nos ha salvado. Sin aire acondicionado ni ventilador hemos pasado bastante calor, así que nos ha dado un buen respiro. Me preocupaba el uso del agua, pero he leído en varios sitios que si la dejo reposar un tiempo para que se «vaya» el cloro puedo usarla para regar. ¡Y eso es lo que haré.

Tenemos también una caseta para guardar cosas de uso ocasional, enseres del huerto, etc y hemos tenido que construir una de hormigón para poder colocar la instalación de las placas solares. Como ha sobrado algo de espacio hemos puesto ahí las herramientas (tenemos un montón porque nos encanta el bricolaje).

Un mes sin agua «corriente»

Y pongo corriente entre comillas porque sí que hemos tenido acceso a agua potable, solo que no salía del grifo. Mi hermana nos dejó un depósito de 1000 litros que llenamos con agua de su cisterna. Conectamos una manguera de su bancal al mío (unos 150 metros) y cuando necesite llenarlo solo tengo que pedirle que encienda el agua. Del depósito sacamos una manguera y con garrafas la hemos transportado al interior de la caravana. Al no tener luz no podíamos conectar bomba de agua, por lo que no teníamos presión para poder usar la manguera levantada a más de un palmo del suelo.

Para la ducha compré una ducha de camping que es una bolsa negra que se llena de agua y se cuelga lo más alta posible para que la gravedad ayude a que hay presión. Al ser negra atrae los rayos del sol y así se calienta el agua del interior. Mano de santo. La verdad es que mi pelo echa de menos no quedarse con restos de champú, pero nos ha hecho el apaño hasta ahora.

Obviamente no tenemos agua para el wc, así que nos ha tocado hacer nuestras cosas fuera. Nada grave en realidad, pero en plena noche aquí hace fresquito, así que tengo ya ganas de tener mi wc funcionando.

Hace unos días que nos instalaron las placas fotovoltaicas y la bomba de agua pero aún no tenemos agua caliente, así que sigo duchándome fuera y lavando los platos con agua fría. ¡Verás cuando veas el calentador de agua que voy a hacer! a ver si sale todo bien y te cuento más adelante.

Pero no es oro todo lo que reluce. Tanto el grifo del baño (que ya tenía pensado cambiar para poner uno con manguera para ducha) como el de la cocina pierden agua, así que tengo que tener la bomba desconectada y solo la enciendo en momentos puntuales y aprovecho el agua que se pueda perder para otros quehaceres.

Vivir sin agua corriente no es cómodo, pero creo que podría acostumbrarme. Eso sí, tengo el depósito a 5 metros. Cuando pienso en la gente que tiene que andar kilómetros para conseguir agua potable se me parte el alma. Gracias al depósito puedo ver el agua que consumo y soy mucho más consciente de su uso, así que intento aprovecharla al máximo y no desperdiciar ni una gota. Tengo pensado aprovechar las aguas grises, cuando tenga todo el chiringuito montado te lo contaré 🙂

Un mes sin luz «artificial»

Vivir un mes sin luz tampoco ha sido ningún drama. Pero hay que tener en cuenta que en agosto es cuando hay más horas de sol, así que apenas he echado de menos encender una luz. He tenido que comprar un generado de gasolina, pero esto tenía que hacerlo sí o sí, ya que, aunque ya tenga las placas instaladas, puedo quedarme sin luz cuando haya dos o tres días muy nublados. El generador me da luz y, además, carga las baterías de la instalación solar.

Por supuesto, no he tenido nevera, así que me he apañado con una nevera de camping que tengo y una que me ha prestado mi hermana. Ella me ha ido congelando barras de hielo en su casa y así he ido tirando durante 4 semanas. Un suplicio, la verdad.

Los mismo para cargar el móvil y el ordenador. Baterías externas parriba y pabajo a casa de mi hermana (me va a desheredar a este ritmo, pero cuando viene a la piscina se le pasa, jeje).

Obviamente no he tenido wifi (estoy a la espera de que me lo instalen). Con la compañía de móvil que tenía contratada me quedaba sin cobertura de linea y de datos (así que estaba totalmente incomunicada), así que tuve que cambiar a otra. Fue muy divertido no poder llamar ni para hacer la portabilidad.

El día 28 me instalaron las placas y el 29 no funcionaban (se ve que soy gafe). Así que el 30 lo solucionaron y ahora sí que tengo luz de forma «continua». Ya funciona la nevera (pura felicidad) y la lavadora (que apenas uso) y puedo encender la luz por la noche y cargar el móvil y el ordenador. En cuanto tenga wifi para trabajar en condiciones esto será la panacea.

¿Cómo lo llevan los peques?

Cómo ya sabrás (y sino te lo cuento ahora) tengo 3 peques en casa. 2 perros y un gato. El mayor es Krusty, el gato, que cumple 14 años en unos días. Le sigue Xupi, mezcla de bichón maltés a punto de cumplir 13 años y la peque es Samba, mezcla de pastor alemán con 9 años y medio.

Todo ha ido según me esperaba con los perros. Samba está todo el día fuera, a la bartola, incluso para dormir, decidiendo si se tumba bajo el olivo o el algarrobo. Por las mañanas ya tiene la pelota en la boca para empezar el día jugando (que envidia de energía, por favor) y por la noche cae rendida a los brazos de Morfeo. Xupi, como era de esperar, está todo el día pegado a mí. Si entro, él entra; si salgo, él sale. Aunque sea para coger agua de la nevera. Por la noche, como no, duerme a mis pies.

El que me ha sorprendido es Krusty. Nunca le ha gustado salir de casa, aunque le encantaba tomar el sol a la terraza. Pues el tío jeta no entra en la caravana para nada más que pedir comida. Incluso duerme fuera, llueva o haga viento. Está todo el día cual tigre por la selva, escondiéndose aquí y allá. Un par de veces he tenido que salir a buscarlo fuera del terreno pensando que se había escapado. Pero no, estaba escondido a 2 palmos de mí, supongo que descojonándose cuando le llamaba y no me hacía ni puñetero caso. Ahora ya sé sus escondrijos y lo localizo rápido (su favorito es debajo de una higuera).

Aunque ahora todos tiene terreno para campar a sus anchas, dos o tres veces por semana hacemos una caminata de una hora por la Vía Augusta hasta la Ermita de Sant Cristòfol. Allí nos esperan unas vistas espectaculares en un mirador. Puede ir sueltos porque son caminos de tierra y los tres disfrutamos mucho del camino. Cuando vuelva a la rutina quiero hacer este paseo a diario porque nos encanta.

Lo que queda por hacer

Aunque ya está todo muy avanzado aún nos quedan algunas cositas por hacer. Lo primero instalar el calentador de agua casero y poner el grifo-ducha. Aún tengo que comprar el de la cocina, pero es más complicado de lo que parece.

Importante también hacer la fosa séptica que, como he dicho, por las noches no mola visitar el trono campestre, linterna en mano, además. Muy cómodo todo,

Aunque la valla está puesta, aún tenemos que terminar de pasar algunos tensores y hacer la zanja de mortero para asegurar la puerta de entrada.

Tenemos también que terminar la caseta de hormigón. Pintaremos el techo con pintura de caucho para impermeabilizarla y pintaremos también la puerta de hierro.

Y el resto ya es terminar detallitos de la caravana: poner un par de enchufes, cambiar las bombillas, poner silicona en algunos puntos y cositas así.

Y esto es todo. En el siguiente post te contaré cómo es para mí vivir así, pero a nivel más interior, desde la patata, que si no el post se hacía eterno.

Y tú ¿te imaginas viviendo en una caravana? ¿ya lo estás haciendo? Cuéntamelo en los comentarios. Estoy deseando leerte.

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