Llevo dos semanas en la ciudad. Vine a pasar cinco días y entre el horario de mi chico, el confinamiento de fin de semana y toda la pesca…aquí sigo. Estoy en casa de mi suegra (estamos aquí los tres, junto con mis perretes. Samba y Xupi, y Krusty, mi gato-tigre). Tengo sentimientos encontrados porque me gusta estar aquí y compartir el tiempo con ellos, estar todos juntos, pero también tengo muchísimas ganas de volver a mi caravana, a mis rutinas y a «mi espacio». Y me he dado cuenta de que tengo demasiadas cosas.

No echo de menos mis cosas

Como solo iba a venir unos cinco días me traje muy poquitas cosas: dos pantalones, dos jerséis, una rebeca gordita, un pijama, unas zapatillas (tipo bambas), unas zapatillas de estar por casa, 4 bragas, 4 pares de calcetines, un sujetador, una parka, el cepillo de dientes, el desodorante, una máscara de pestañas, mi ordenador portátil, mi móvil, mi agenda, mi pluma recargable y mi libreta hecha con papeles reciclados. Listándolo parece mucho, pero realmente son dos mudas, aseo esencial y mi equipo de trabajo.

¿Y sabes qué? Que no necesito nada más. La ropa la uso bastante antes de echarla a lavar (siempre lo he hecho) y la interior la puedo lavar a mano si aún no toca poner lavadora. En dos semanas no he echado de menos ni una de mis cosas . Bueno, miento, se me ha acabado la tinta de la pluma y no quiero comprar porque en la caravana tengo, así que estoy gastando bolis que hay por aquí y que nadie usa y mi ebook, porque aunque puedo leer en el ordenador y en el móvil, no es lo mismo.

Como te decía antes, echo de menos tener mi propio espacio, mis rutinas y mi campo (aunque aquí hay un parque repleto de pinos que me tiene enamorada), pero solo he echado de menos la tinta y el ebook, y puedo apañarme perfectamente sin ellos.

Me he dado cuenta de que tengo demasiadas cosas

Desde hace 10 días estoy haciendo un reto de The Minimalists en el que el día 1 de desprendes de una cosa, el día 2 de dos cosas y así sucesivamente hasta 31 días en los que te acabas desprendiendo de 496 objetos). Yo había pensado hacerlo durante 10 días en los que me desharía de 55 objetos (que es lo que estoy compartiendo en Instagram) pero voy a seguir en cuanto llegue a mi casa con ruedas porque me he dado cuenta de que tengo demasiadas cosas que ya no me aportan valor (ya tengo un listado preparado).

También estoy compartiendo el reto en un grupo de Telegram y me emociona mucho ver cómo las personas que participan no solo se deshacen de sus cosas, sino que hacen conexiones con sentimientos profundos y se replantean muchas cosas que quieren comenzar a hacer de una forma diferente. Es la magia del minimalismo.

Aquí puedes ver algunas de las reflexiones que surgieron el grupo de Telegram del reto minimalista:

Reencontrando la inspiración

El minimalismo es un camino, una forma de vida y no una meta en sí misma. Así que nunca termina. Pero hay temporadas en las que te da por deshacerte de un montón de cosas y cuando crees que ya tienes lo que de verdad quieres o necesitas, paras. Hasta que ocurre algo o te despiertas más inspirada y ves que puedes seguir minimalizado. Y esto es lo que me está ocurriendo a mí.

Entre el grupo del reto, el curso que sale mañana (luego te cuento más) y el no echar de menos mis cosas me han vuelto a abrir el gusanillo de leer libros sobre el tema. He releído Goodbye Things, de Fumio Sasaki (me he dado cuenta de que la primera vez que lo leí lo hice de forma más superficial y he sacado nuevas enseñanzas).

También he visto los documentales Happy, en el que vemos cómo el concepto de felicidad cambia en las diferentes culturas y que no tiene nada que ver con las posesiones materiales (lloré y todo de lo maravilloso que me pareció) y My stuff, en el que un chico guarda todas sus pertenencias (absolutamente todas) en un guardamuebles y cada día, durante un año, puede coger algo que necesite (me ha encantado y me han dado ganas de probar, jeje. La abuela del chico es maravillosa).

También te recomiendo ver Minimalismo, las cosas importantes, de The Minimalists, donde vemos testimonios de personas en contra del consumismo impulsivo que reina en EEUU y Expedition Hapiness, donde una pareja decide restaurar un autobús para viajar por América del Norte acompañados de su perro.

Reconectando con el minimalismo

Todo esto me ha hecho volver a plantearme qué es lo que quiero, qué es lo que necesito y cómo quiero vivir mi vida. Le he dado otra vuelta de tuerca a qué significa para mí el minimalismo. Estoy viendo que hay cosas que en su día mantuve en mi vida porque la enriquecían de alguna forma; me la facilitaban o me hacían feliz y ahora ya no. Doy un paso más en este camino hacia lo esencial.

Y es que, al vaciarte de lo que te sobra, de lo superfluo, de lo que ya no te aporta valor aunque en otro momento fuera algo imprescindible para ti, te sientes más llena que nunca. Y yo estoy rebosante 🙂

Quiero ayudarte a que tú también te sientas así

¿Te ha removido algo de lo que has leído? Imagino que si has llegado hasta aquí es que hay algo que te da curiosidad, te atrae y, tal vez, quieras ponerte en marcha o profundizar en este camino si ya lo conoces.

Para ello he creado un curso en el que te invito a revisar todas las estancias y objetos de la casa, uno a uno, para descubrir qué es lo que te aporta valor y lo que es un lastre en tu vida y no te deja avanzar. He creado Minimalizarte «a tu aire» con muchísimo cariño y mimo, está lleno de información muy valiosa que he ido absorbiendo a lo largo de muchos años y muchas experiencias en mis propias carnes, quedándome con lo que funciona (a mi modo de entender) y desechando lo que no.

SI te pica la curiosidad, crees que te puede ayudar o crees que no es tu momento pero si el de otra persona y te apetece compartirlo con ella (cosa que te agradeceré inmensamente) te dejo aquí toda la información.

Te agradezco con todo mi corazón que hayas llegado hasta aquí. Me encantará que me dejes en comentarios si has visto alguno de estos documentales, si me recomiendas algún otro o que me digas lo que te de la gana 🙂

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