En los últimos años hemos demonizado al plástico. Le hemos echado la culpa de la contaminación de nuestros ríos, mares y bosques; pero no, el plástico no es el problema.

Algunos datos sobre el plástico

Nos inundan con datos horríficos (y ciertos) sobre el plástico:

  • Se han producido más de 8000 millones de toneladas métricas de plástico.
  • Solo se recicla en 9% del plástico desechado.
  • 5000 toneladas métricas de plástico han terminado en vertederos, incineradores o rellenos sanitarios.
  • Casi el 60% del plástico sigue en algún lugar en forma de basura.

Y así podría seguir, pero creo que no hacen falta más datos para que estemos horrorizados.

El plástico es un buen material

El plástico apareció como recurso para evitar la sobreexplotación de recursos naturales como los árboles, el carey, el marfil o el nácar. También prometía democratizar el consumo de estos recursos que solo eran accesibles a unos pocos.

El plástico es un material estupendo con muchas propiedades interesantes: es muy duradero, es muy económico de producir y su fabricación consume un 40% menos de energía que la fabricación de papel.

El problema es que utilizamos un material creado para durar cientos de años en objetos de un solo uso con una durabilidad muy corta: bolsas, film transparente, botellas, vasos desechables…un sinfín de objetos que tardarán una eternidad en descomponerse. ¡Es una barbaridad!

En este post puedes leer algunos problemas que nos encontramos en relación al reciclaje de los envases.

El problema son nuestros hábitos

Una buena solución es la reutilización, alargar la vida de los objetos lo máximo posible. Pongamos por ejemplo las bolsas de la compra. Hay muchos lugares en los que se han sustituido las bolsas de plástico por bolsas de papel. ¿Es esa la solución? Cambiamos un producto difícil de reciclar por uno costoso de producir (a nivel medioambiental). 

Podríamos reutilizar estas mismas bolsas varias veces, pero normalmente se rompen rápido y hay mucha gente que directamente las tira a la basura. Podemos comprar bolsas reutilizables, aunque fabricarlas también tiene un coste energético (como todo) pero si les damos uso durante muchos años compensaremos ese gasto.

Otra opción es hacernos nuestras propias bolsas con restos de telas o camisetas viejas. ¡Te sorprendería ver lo sencillo que es! De este modo no estamos utilizando ningún recurso nuevo, sino dándole salida a algo que ya tenemos. ¿No es genial?

Reducir es la clave

Tenemos de todo y siempre queremos más. No nos planteamos los procesos por los que tiene que pasar ese objeto para ser producido, la extracción de los materiales, los kilómetros que viajará, etc. 

Cualquier objeto, sea del material que sea, tiene un coste económico, medioambiental y social. Antes de adquirir cualquier producto deberíamos plantearnos si todos esos costes merecen nuestro dinero y nuestro tiempo (que es con el que conseguimos el dinero).

Muchas veces, por no decir casi siempre, compramos de forma automática, sin pensar más allá. Tal vez miramos la etiqueta para saber de dónde proviene el producto o para ver si es o no reciclaje. Si conociéramos todo lo que se esconde detrás, desde el diseño hasta la fase de desecho de un objeto, no nos tomaríamos esta decisión tan a la ligera.

Creo que si conseguimos hacer ese «clic» antes de comprar, solo pararnos un segundo para ser conscientes del momento, podremos tomar mejores decisiones para nosotros y para el planeta.

¿Tú también demonizas al plástico? ¿Reutilizas siempre que puedes? Cuéntamelo en los comentarios, me encantará saber tu opinión.

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